viernes, 5 de enero de 2018

Los 10 mandamientos de un gran facilitador

La espontaneidad es ese momento de libertad personal en el que te encuentras con la realidad, la observas, la exploras y actúas de acuerdo con ella - Viola Spolin


La forma más natural de aprender es jugando, explorando el mundo, divirtiéndote y encontrándote con la realidad. En las últimas dos entradas del blog les he estado compartiendo algunas ideas para formadores, instructores, maestros y coaches que quieren explorar el aprendizaje dinámico con sus grupos... aquí les dejo los enlaces:
En Estuvo re-divertido, pero no aprendí nada contrastamos el aprendizaje inductivo con el aprendizaje deductivo y en Seguimos con las dinámicas: ¡Aprendí y me divertí! revisamos las 3 etapas de una buena dinámica: actúa, reflexiona y aprende.  

Hoy les quiero compartir las 10 ideas que un facilitador de dinámicas no debe olvidar (son una adaptación de las recomendaciones que hace Kat Koppet en su espectacular libro Training to imagine). Así que no se diga más, ahí van:

1) Ten claro tu objetivo.
Un buen facilitador tiene completamente claro el para qué de sus actividades. Pregúntate ¿qué es lo que quiero que los participantes aprendan? ¿qué me gustaría que hagan diferente cuando salgan de la sesión?

2) Se trata de ellos.
Todo lo que hagas, incluido ser carismático, profundo o gracioso, debe ayudar a tu grupo a generar aprendizajes valiosos. No se trata de verte bien (inteligente, atractivo o importante), se trata de que ellos descubran, encuentren, aprendan.

3) Reconoce y celebra los "errores"
Las cosas no siempre salen como las planeaste y del mismo modo que animas a tus participantes a tomar riesgos e intentar cosas nuevas, tú también debes hacerlo. La gente se da cuenta cuando demuestras con el ejemplo que te atreves a fallar y a seguir creciendo.

4) Seguridad y comodidad son cosas diferentes.
El espacio para aprender debe de ser siempre seguro pero muchas veces no debe ser cómodo. Por definición crecer y aprender implican salir de nuestras zonas de comodidad. ¡Crea un ambiente lo suficientemente seguro para salir de la comodidad!

5) Deja que el grupo encuentre sus aprendizajes.
Tal vez no aprendan lo que tú querías o del modo que lo tenías planeado. ¡No importa! Lo verdaderamente importante es que ellos reflexionen, se cuestionen y encuentren sus propias respuestas. Si les haces una pregunta... espera y acepta cualquier respuesta.

6) Atrévete a ser simple.
No siempre necesitas ser original y plantear la actividad más novedosa. Recurre a los clásicos, a esas dinámicas que te funcionan bien y que hacen que caigan buenos veintes. A veces para el grupo también es útil repetir una dinámica que ya conocen y darse cuenta de sus aprendizajes.

7) No digas, muestra.
El aprendizaje experiencial es valioso porque es experiencial :) No les digas a los participantes -antes o después de la dinámica- como debería ser su experiencia. Pregunta, escucha, respeta y construye con sus comentarios.

8) Lleva a la reflexión.
Sin reflexión no generarás aprendizajes. Piensa en el objetivo de tu dinámica y plantea la reflexión en ese sentido. De manera muy general te pueden servir estas seis preguntas: ¿cómo te sentiste? ¿qué hiciste? ¿qué aprendiste con eso? ¿cómo se relaciona esto con tu vida? ¿qué pasaría si... ? ¿cómo lo aplicarás?

9) Respeta las diferencias.
Dale variedad a las actividades que propones, usa algunas que sean atractivas para los introvertidos y luego otras para los extrovertidos (o permite que la misma dinámica tenga fases donde cada uno se involucre más), piensa en los estructurados y  en los imaginativos, involucra la emoción y también al análisis.

10) Confía en ti mismo.
Cuando pones dinámicas, juegos y actividades no sabes qué va a pasar. Improvisa y confía en ti mismo y en tus habilidades para ponerte al servicio del grupo.

¡Felices juegos y felices aprendizajes!

Sergio Hernández Ledward
www.facebook.com/SergioHLedward

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jueves, 14 de diciembre de 2017

Seguimos con las dinámicas: ¡Aprendí y me divertí!



Hoy el blog va principalmente para maestros, facilitadores, instructores, coaches y demás deportistas extremos.



La creatividad es inteligencia divirtiéndose - Albert Einstein

Tal vez suene demasiado simple pero hay dos maneras de aprender (y enseñar): 1) como en la escuela y 2) como en la vida. En la escuela nos explican, nos dicen cómo, qué, porqué, cuándo, dónde y tal vez hasta para qué, la aproximación es inductiva: primero obtén conocimiento y más tarde (si tienes suerte) úsalo. La vida por su parte nos enseña de otro modo, nos pone un reto y ni maíz que nos explica... y así aprendimos a caminar, correr, hablar nuestra lengua materna, trepar a los árboles, andar en bicicleta, besar, tratar a nuestro jefe y resolver problemas de pareja, esta aproximación es deductiva: primero haz y durante el proceso saca tus propias conclusiones. En el blog anterior (dale click aquí: estuvo re-divertido... pero no aprendí nada) te platico a más detalle sobre estas dos maneras de entrarle al aprendizaje y en este quiero plantearte 3 etapas para el aprendizaje deductivo y el uso de dinámicas: Actúa - Reflexiona - Aprende.

Si quieres utilizar la enseñanza deductiva debes observarte como un generador de experiencias más que como un transmisor de conocimientos, ayudarle a los "aprendientes" a pasar a la acción, reflexionar sobre lo que hicieron y extraer conclusiones útiles en su propio contexto. ¡Sencillo!
Una de las mejores formas de hacerlo es plantear ejercicios y dinámicas y conducir a los participantes por esas 3 etapas. Aquí van algunas recomendaciones para cada una de ellas.

Etapa 1: Actúa

  • Ten clarísimo el objetivo de la dinámica
  • Pruébala antes
  • Ten material de sobra
  • Brinda instrucciones súper claras (incluyendo el tiempo)
  • Compárteles el tema de reflexión pero nunca las conclusiones
  • Cuida los riesgos de cada dinámica (físicos, emocionales, de relación)
  • Pregunta si hay alguien que no la pueda hacer y si es así asígnale una tarea. Lo ideal es que nadie se quede fuera
  • Siempre puedes ponerla en "pausa" para que el grupo reflexione y haga ajustes
  • Cuida las interacciones y el ambiente entre los participantes
  • Observa para después comentar


Etapa 2: Reflexiona

  • Cuida que no sea: estuvo divertido pero no aprendí nada
  • Haz preguntas que dirijan la reflexión
  • Dales un ratito silencioso para que cada quien le de su propia pensada
  • Facilita el diálogo. Ayuda a que aprendan unos de otros
  • Modera al dueño del micrófono
  • Valida los diferentes puntos de vista
  • No forces las conclusiones hacia donde tú quieres
  • Evita los "pero´s" cuando respondas a sus opiniones
  • Comenta lo que observaste. Sin juicios
Etapa 3: Aprende

  • Ayúdales a llevar el aprendizaje a su contexto
  • Encontrar dónde y con quién lo van a usar
  • ¿Y todo esto cómo te va a servir a ti?
  • ¿Qué vas a hacer con lo que aprendiste?
  • ¿En qué se parece esto a tu vida?
  • Pídeles que hablen en 1era persona (cambiar "nos cuesta aceptar otros puntos de vista" por "para mi es difícil aceptar otros puntos de vista")
  • Cuida que el ánimo sea positivo al terminar la dinámica
Me parece que esta aproximación no sólo es útil para maestros y facilitadores ya que ayuda a volver el aprendizaje "formal" mucho más dinámico y significativo, sino que también puede ser una lindísima manera de seguir siendo "aprendientes" en la vida. ¡Actúa! ¡Reflexiona! ¡Aprende!

Y por supuesto diviértete en el camino ;)

Sergio Hernández Ledward
www.facebook.com/SergioHLedward

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miércoles, 22 de noviembre de 2017

Estuvo re-divertido... pero no aprendí nada



Estoy preparando mi clase sobre el uso de dinámicas para el aprendizaje y ya encarrerado con el tema vamos charlando un poco sobre dos de las estrategias más comunes para invitar a que las personas aprendan, reflexionen e integren conocimientos y habilidades.

Dale una recordadita a tus experiencias en la educación formal. (Vamos: ¡Atrévete!)
Si eres como la mayor parte de las personas que yo conozco puede ser que a tu mente venga un salón de clases con un pizarrón al frente, butacas, mesabancos o sillas acomodadas en líneas y un camarada que con mayores o menores habilidades charlando al frente; un maestro que se supone sabía más que tú del tema particular que se discutía, y tú y tus compañeros tomando notas diligentemente (o aventando papelitos, pensando en la novia o de plano en un trance hipnótico casi comatoso)
Esta tradicional escena educativa es un ejemplo -bastante chafa- del método inductivo: un experto "transmite" conocimientos a alguien con menor grado de desarrollo.

Esta aproximación a la enseñanza normalmente tiene las siguientes características:
  • El maestro (jefe, papá o consultor) es el experto y la fuente de sabiduría
  • El conocimiento se "transmite" de un recipiente a otro
  • Hay que memorizar y hacer las cosas como nos dicen
  • Es mejor que el alumno se quede calladito
  • Hay UNA sola respuesta correcta
  • El error se paga con malas calificaciones, miradas de desprecio o despidos inmediatos
  • Primero recibo la información, después (si bien me va) la utilizo. A veces ese después llega años más tarde.
  • Es el método favorito de nuestros esquemas educativos.
Muchos de nosotros así aprendimos historia, geografía, cálculo, español, inglés, ética, civismo, química, anatomía, derecho, estadística y cuanta cosa más... y mucho de ese aprendizaje lo hemos enterrado entre pesadas capas de olvido.

Por supuesto que también experimentamos momentos mucho más estimulantes. Algunos de ellos tuvieron que ver con una aproximación distinta al aprendizaje, tal vez más deductiva que inductiva. 
¿Cómo aprendiste a caminar, contar chistes, besar o andar en bicicleta? No se porqué pero no te imagino sentadito o sentadita tomando clases sobre las razones profundas del caminado y sus 8 tipologías morfológicas. (Y ya no hablemos de los fundamentos ontológicos del beso)
Muchos de nuestros aprendizajes más valiosos los obtuvimos a través del infravalorado: prueba y error, del "inguesú, a ver qué pasa", de pasar a la acción y luego (espero) reflexionar sobre lo que hicimos.

Algunas ideas para acercarnos a esta forma de facilitar al aprendizaje en grupos:
  • Utilizar el modo natural de aprender
  • En lugar de un maestro hay un facilitador, un invitador a la reflexión
  • Este facilitador más que pensar en contenidos, brinda experiencias
  • Primero actúo, luego reflexiono sobre la experiencia, después aprendo (y saco conclusiones útiles para la vida)
  • El conocimiento no es transmitido, más bien es construido o descubierto.
  • En lugar de sólo una respuesta correcta hay multitud de respuestas posibles... que pueden conducir a resultados diferentes
  • ¡El error es un regalo para aprender!
  • El aprendizaje se recuerda mucho más, porque involucra a la persona de una manera más completa.
  • El grupo no puede quedarse calladito sólo escuchando, necesita conversar y construir comunitariamente el conocimiento.
Por supuesto que las dos aproximaciones tienen sus riesgos. Uno de los riesgos del método tradicional e inductivo lo expresan bien los participantes de mis talleres en empresas y gobierno cuando al inicio les pregunto: ¿qué les gustaría de este curso? y siempre, siempre, siempre hay alguien que responde: "que no esté aburrido"
El riesgo de las dinámicas, los ejercicios y los retos es justo el contrario, que al final de la experiencia de formación o capacitación los participantes se vayan pensando "estuvo re-divertido... pero no aprendí nada"

Espero bien prontito compartirles algunas ideas para facilitar dinámicas y generar aprendizajes valiosos. Por lo pronto me voy a dar clase... (ok, ok a jugar un rato y buscar que el juego y el diálogo nos enriquezca)

Sergio Hernández Ledward
www.facebook.com/SergioHLedward

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martes, 19 de septiembre de 2017

Tu cerebro y tu mente: arte, tecnología y milagro creativo


Tu cerebro humano es -sin ninguna duda- una de las grandes maravillas del universo. Es una estructura física que no hemos terminado de entender, un misterio que nos asombra y nos impulsa a seguir descubriendo como funciona la vida y el universo. Sólo para que te asombres un poco, aquí algunos datos sobre tu propia máquina creativa.
  •  Pesa cerca de kilo y medio. Entre el 1.5% y el 3% de tu masa corporal.
  • Usa casi el 20% del oxígeno y las calorías que consumes. (Tiene hambre casi siempre)
  • Es 78% agua, una gelatina gris y sin sensaciones. Cuando te duele la cabeza NO te duele el cerebro sino su cobertura.
  • Es una poderosa central eléctrica y una fábrica bioquímica. Entre tus neuronas viaja energía eléctrica, mientras generas sustancias químicas para responder a la vida y a tus pensamientos sobre ella.
  • Está arrugadito como una nuez con dos hemisferios conectados entre sí. El lado derecho controla las funciones de la parte izquierda del cuerpo y el lado izquierdo las del lado derecho. ¡Si! Tienes los cables cruzados.
  • Mucho se dice que las personas creativas y emocionales tienen más despierto el lado derecho del cerebro y que las personas analíticas y racionales son usuarios frecuentes del lado izquierdo. Esto es más una metáfora que una realidad anatómica o fisiológica.
  • Tal vez crees que tienes UN cerebro, en realidad tienes TRES. Un cerebro de reptil, el más interno y antiguo evolutivamente que se encarga de las reacciones de sobrevivencia (¡huye! ¡ataca! ¡congélate!). Un cerebro mamífero que es altamente emocional. Y un cerebro humano, la parte más nueva en términos evolutivos -lo último en tecnología cerebral en el mercado- que le encanta analizar, hacer preguntas, generar escenarios posibles (¡fantasías sensuales y hasta películas de terror!)
  • Se calcula que está formado por un millón de millones de células. Unas 140 veces más que el número de personas en el planeta tierra.
  • Cuando una de sus áreas se daña –dependiendo el daño y la edad de la persona- tiene la capacidad de hacer que otra de sus áreas asuma esas funciones. Esto se conoce como neuroplasticidad y funciona mejor en los niños.
Eso es lo que está dentro de tu cráneo, lo que llevas cargando a todos lados. Una espectacular obra de arte, la más fina ingeniería evolutiva, un misterio y un milagro dentro de tu cabeza.

De modo que el cerebro, sus neuronas (sinapsis y neurotransmisores) son realidades físicas, "cosas" concretas y objetivas que vamos cargando entre las orejas. Mientras que la mente, el pensamiento, la sabiduría y la creatividad son realidades subjetivas que no viven en un lugar físico ni concreto que podamos señalar, pero que pueden llevarnos a una vida plena y con significado. Así que ahí te van algunas características del pensamiento humano. 
  •  Pensamos en imágenes grandes y pequeñas, cercanas y lejanas, tridimensionales y planas, de todos los colores y también deslavadas. La mente es un lienzo, un cuaderno, un archivo nuevecito de Corel Draw y el pensamiento es un enorme conjunto de pinceles, brochas, pinturas, crayolas y lápices de colores.
  • Pensamos en música y ritmo. Sonidos graves y agudos, fuertes y suaves, rítmicos o desentonados, que llegan de lejos o que nos susurran con suavidad al oído. En el pensamiento caben todas las palabras de todos los idiomas en todos los tonos, toda la música, el canto y cada uno de los instrumentos.
  • Pensamos con nuestro cuerpo, en texturas y movimientos, en temperaturas, en latidos, en chapuzones, en esfuerzos, nuestras ideas pueden ser pesadas como plomo o ligeras como burbujas de jabón. Todas las caricias, los besos, la sensación de la brisa rozando el rostro también habitan nuestra mente.
  • ¡Olores y sabores también forman al pensamiento! Ácidos limones y cafés amargos, aromas viejos y nuevos, de tierra fértil recién llovida y de humedad y selva junto al mar, el perfume de mamá y el olor a carro nuevo. La mente es el buffet mejor servido y la perfumería más estimulante.
  • Un, dos, tres por mi y por todos mis compañeros. Los números también son una hermosa expresión del pensamiento. Fríos, racionales y objetivos nos permiten analizar y ordenar, son una bella forma de entender el universo. Galileo lo dijo muy bien: “las matemáticas son el alfabeto con el cual Dios ha escrito el universo”
  • No cabe duda que las palabras y sus significados forman parte del universo del pensamiento. Son uno de nuestros medios favoritos para expresar, describir y crear; las palabras son poderosas y haríamos bien en recordarlo. La mente es la más enorme biblioteca y los pensamientos son las frases y palabras, son la novela, el cuento y la poesía.
  • El pensamiento es metáfora y símbolo. Es un árbol que representa la familia, un águila que nos invita a dejar atrás los miedos, un fuego que simboliza la ira o un profundo rio subterráneo que nos conecta con lo misterioso e invisible.
  • Pensamos generando asociaciones, una cosa nos lleva a la siguiente y de ahí a otra más, en infinitas conexiones (si alguna vez te has distraído entonces ya lo sabes). Cada idea es una bifurcación en el camino, una rama de un árbol que se divide en ramas más pequeñas y luego en infinidad de hojas, flores y frutos.
El pensamiento es ilimitado y te juro que no es publicidad engañosa. Pensamos en imágenes, en sonidos, en sensaciones, en aromas, en sabores, también en números, en palabras y en símbolos. Un pensamiento nos conduce al siguiente irradiando asociaciones sin fin.

Si quieres saber más sobre el cerebro, el pensamiento y como utilizarlos de maneras innovadoras y creativas, te invito a que descargues de modo gratuito mi libro: Creatividad, los caminos del pensamiento innovador. ¡Y que luego me compartas que te pareció!

Que la creatividad florezca.

Sergio

www.facebook.com/SergioHLedward

martes, 22 de agosto de 2017

Prueba de Creatividad












¡Qué tu pensamiento se vuelva fluido, flexible, original! ¡Qué tengas la fuerza y disciplina para llevarlo a buen término! ¡Qué impacte a muchos y para bien!

jueves, 4 de mayo de 2017

¡Condenada indiferencia!


Si no soy yo, entonces ¿Quién?
Si no es ahora, entonces ¿Cuándo?

6:00 de la tarde en la recepción de un consultorio médico. Tres parejas –bueno, cuatro incluyéndonos a mi esposa y a mí- dos de ellas sonrientemente embarazadas, una asistente administrativa chaparrita, una secretaria bien atareada, una enfermera y tres chamacos, entre ellos mi hija de casi cinco años. Para ser un consultorio médico, el ambiente estaba bastante relajado hasta que un grito rompió por completo la tranquilidad del sitio, mi esposa dio un brinco a la velocidad del rayo y yo di otro un poquito menos rápido; mi hija se había quemado un dedito al servirse agua del dispensador de agua fría y caliente que estaba frente a nosotros, nada grave sólo doloroso. El grito y después el llanto duró buen rato.
Minutos después salimos del lugar asombrados, tristes, enojados… Ni una sola persona preguntó si estaba bien, nadie se acercó no digamos a ayudar, ni siquiera a decir “pobrecita”, es más ni siquiera recibimos miradas reprobatorias por ser un par de padres desnaturalizados que dejan que su hija se sirva sola el agua y se chamusque el dedo. La respuesta fue total indiferencia, valemadrismo, anestesia; el mensaje fue claro “no te conozco, no me importas”

Pero no me malentiendas, amigo lector, no escribo esto para quejarme, lo escribo para recordarme a mí mismo –y con un poco de suerte recordarte a ti también- que necesito sacudirme la anestesia. No quiero ser indiferente, quiero hablar en plural y sentir que formo parte de un “nosotros”, quiero que me duela y que me alegre lo que NOS ocurre, para serte sincero con frecuencia se me olvida y regreso al pequeño singular donde sólo me importo yo y lo mío. Así que hoy quiero tomar el grito de mi hija como un llamado a despertar, como un llamado a evitar la indiferencia y como un recordatorio de que las cosas verdaderamente valiosas sólo tienen significado cuando se plantean desde el plural; las palabras más bonitas requieren de un nosotros: amor, amistad, gratitud, generosidad, empatía, paz, juego, vida e incluso libertad NOS necesitan.

Como los alcohólicos anónimos, yo sólo por hoy voy a terminar con la condenada indiferencia; no importa si “hoy” dura sólo los siguientes cinco minutos. Sólo por hoy tenderé la mano, sólo por hoy tendré palabras amables para los que no conozco, sólo por hoy imaginaré que juntos podemos cambiar las cosas.

Sergio Hernández Ledward

www.facebook.com/SergioHLedward

miércoles, 19 de abril de 2017

El espíritu aventurero


Aventura: Lat. “Las cosas que han de llegar”

¿Qué es lo que impulsa a los grandes aventureros? ¿Qué fuerza en su interior los lleva a dejar la comodidad y lanzarse a lo desconocido? ¿Qué viento sopla dentro suyo hinchando sus velas rumbo a mares y tierras inexploradas?
¿Cuál es el espíritu de los Marco Polo, los Magallanes, los Erik el rojo de aquel tiempo y de este? 

Los aventureros quieren descubrir, sienten una enorme curiosidad. Saben que no saben y eso los anima. Disfrutan aprender del mundo, de los demás, de ellos mismos; se hacen preguntas y más preguntas. Quieren ir –con su cuerpo, con su mente, con su corazón- a donde nadie más ha ido. Son humanos, pues. Tal vez la única diferencia con el resto del mundo es que los aventureros, no sólo sienten curiosidad sino que hacen su maleta, salen de viaje, toman camino.
Los aventureros anhelan descubrir, no forzar que las cosas sean como ellos han pensado. No viajan con una lista de especificaciones esperando que la cascada, la montaña, el río, los demás, la vida se comporte como debería comportarse. Van a descubrir, no a verificar. Así que el asombro los acompaña, son como niños abriendo los ojos redondos como platos; la fascinación y la sorpresa son sus mejores amigos. Dejaron atrás el deseo de control y las expectativas.

Por supuesto que los aventureros son valientes. Hay que serlo para aventurarse en lo desconocido, para salir de viaje y vivir. No es que no tengan miedo o que sean descuidados, por el contrario: ponen atención, reconocen sus temores y siguen avanzando. A veces se dicen “Aquí está otra vez el miedo -mi viejo amigo- ¡Que interesante!” y le invitan un café o una copa de vino, charlan, intercambian regalos y prosiguen el viaje. Los aventureros son lo suficientemente valientes para equivocarse mucho.
Pero si algo distingue a los aventureros, es que están vivos; saben que no durarán por siempre, así que se recuerdan de vivir. Buscan el disfrute de lo sencillo: caminan descalzos sobre la tierra, miran la luna y las estrellas, sonríen con una flor, una puesta de sol o con la risa de un niño, dan abrazos, se ensucian la camisa, siguen trepando por lo alto.

La palabra aventura viene del latín y en sí misma es profética, significa “lo que ha de venir”. El aventurero lo sabe. ¿No es así?

Sergio Hernández Ledward

www.facebook.com/SergioHLedward