martes, 7 de marzo de 2017

Que seas bendecido

¡Que Dios te bendiga!
  – Casi todas las abuelitas



Hace algunos años me invitaron a dar una conferencia sobre valores en una secundaria en Valle de Santiago, eran como 200 chavos y al terminar me hice una promesa solemne: ¡No volver a dar conferencias en secundarias! Sentí que no me habían pelado, que no les había servido… estaba mentando madres (internamente) cuando una chica llegó y me dijo lo siguiente: “Sergio muchas gracias por la conferencia me sirvió mucho y vengo a pedirte un favor; fíjate que en mi familia tenemos la costumbre de que cuando alguien nos ayuda con algo importante le pedimos su bendición, así que vengo a pedirte que me des tu bendición”
Mis ojos se pusieron como platos; en mi mente las abuelitas y los sacerdotes son los que dan bendiciones: los Sergios NO (a no ser que el Sergio en cuestión sea abuelita o sacerdote). Sin embargo una bendición no es algo que se pueda negar, así que muy sorprendido le dije: “¡Que Dios te bendiga!” y me quedé pensando y pensando si yo tenía la capacidad de bendecir. Lo pensé por meses, hasta que descubrí que bendecir simplemente quiere decir: desear el bien. ¡Y eso sí puedo hacerlo!

Y pues todo este rollo, solo para desearte el bien. Está comenzando el año nuevo tibetano (el gallo de fuego), también la cuaresma y namás de puro gusto y para llevarle la contraria a los pesimistas te deseo:

Que seas bendecido con todas las cosas buenas.
Que tu mente descanse y tu corazón sonría, que tus mejores intenciones surjan libres, luminosas.
Que encuentres tu espacio de paz en el milagroso mundo a tu alrededor y que recorras con frecuencia el sendero hacia el centro de tu propio centro.
Y cuando sólo haya oscuridad y tus tormentas se desaten, que la luz en tu interior te sane e ilumine al mundo.
Que tu cuerpo recuerde ser un árbol. Arraigado, presente, vibrante, flexible y vivo.
Que te sientas cuidado y protegido como el niño amado que eres.
Y que cuando te sientas tentando a levantar un muro, recuerdes que la separación es ilusoria.
Que tu respiración sea parte de la respiración divina.
Que seas capaz de mirar la belleza sin velos de un mundo nuevecito en cada instante.
Que tu amor se extienda tocando a todos y a todo y que tus deseos de bondad y verdad se eleven hasta lo alto.
Que siempre tengas ritmo, canto y amigos para celebrar en torno al fuego.
Que sean tuyos los pies con los que Dios camine haciendo bondades.
Que la ecuanimidad, la compasión, el amor y la alegría se conviertan en tu hogar.
Que la libertad y la gratitud sean tu danza.
Que no se te escape el momento presente.
Que seas bendecido y que repartas bendiciones.

Y tú, ¿a quién puedes bendecir el día de hoy?



Sergio Hernández Ledward

www.facebook.com/SergioHLedward